De repente se le comenzó a caer el cabello, uno a uno los tenía en su palma. Sabía que algo sucedía con su cuerpo, podía escuchar el estruendo que ocasionaba en su cabeza al caerse, se asustó; no era la misma al mirarse al espejo su sonrisa palideció, el tono de su rostro era menos rosado, su cabeza estaba casi completamente calva, se podían ver aún los rastros de las raíces del cabello que generaban una geografía incierta, un nuevo mapa de su rostro. Podían verse los poros abriéndose al desprenderse del cabello, y entre el sonido y la imagen, aparecía una radiografía de emociones, una cartografía de un nuevo silencio que se construía a partir de diminutos ruidos de folículos y tallos cayendo. Ese silencio ensordecedor que marcaba la diferencia entre el escarbar tu cabello y sentir tu nuca. La temperatura del cuerpo, la textura de algo que aunque suyo, parecía ajeno. Su cuerpo había cambiado, sus células, su aroma; no recordaba cómo o por qué, sólo sentía que algo se había transformado totalmente, que no podía parar y que se aceleraba a cada momento... Después de unos minutos de estar frente al espejo, escucho una suave voz: María es hora de la siguiente dosis de químicos…1
¿En qué se ha transformado el cuerpo? ¿Qué entendemos como cuerpo? Las tecnologías médicas, el desarrollo de una cultura holístico-espiritual, las políticas terapéuticas y el implemento de tecnologías ideológicas acerca de la corporalidad nos ha posicionado en una disyuntiva entre “me siento bien” y “debo estar bien”. Como menciona la filósofa Marina Garcés: ...mi vida no está enferma. Ha sido privatizada. Las terapias a las que entrego mi cuerpo y mi alma no son por tanto la cura de ningún mal reparable sino la gestión del malestar que mi vida privatizada me provoca. Y es que en ese sentido en el texto de Vida Sostenible de Garcés hace referencia a cómo la privatización, no sólo de nuestros cuerpos sino de nuestras vidas, ha dado lugar a sostener lo que llamamos: “nuestra vida”. La que está siempre al borde de la crisis y de gestionar su equilibrio para “no cambiarlo”, porque obedece a una dinámica mayor, a intereses específicos que están directamente relacionados con la privatización del mundo, despojándonos de cualquier determinación histórico-social y posicionándonos en un mundo con visión única en la que la meta es la “supervivencia”
Los cuerpos están abiertamente marcados por sus circunstancias socioculturales, han estado sometidos a lo largo de la historia una y otra vez; un ejemplo: a finales de la década de los setentas y principios de los ochentas, las políticas de homogeneización de los gobiernos y la epidemia del SIDA, cambiaron y radicalizarn las definiciones de aquello que llamamos “cuerpo” como elemento social, segregando y generando fundamentalismos alrededor de las prácticas sexuales, las preferencias y los roles sociales. El miedo masivo, difundido por los sistemas políticos de todo el mundo, inscribió en el imaginario social, a través de dinámicas de espectáculo, un pánico a la sexualidad y a los fluidos. El sexo simbolizaba la muerte, el contagio y posteriormente: exclusión social; una especie de peste corporal y del disfrute.
Hoy la privatización de la vida y de los cuerpos; no sólo hace injerencia en el borde de lo sexual o el placer, sino en los afectos, en la idea del amor, de la salud mental y en el cómo relacionarnos con las y los otros. Nuestros cuerpos politizados y trastocados son mediados por una cultura del bienestar, de las políticas de control natal, de regulaciones a nuestros procesos biológicos (la cantidad de hijos, el aborto, etcétera); de aplicaciones digitales que median el cómo vivir el afecto con las y los otros, del amor como el paradigma de todo y nada: “hay una oferta brutal de relaciones emocionales, de relaciones sentimentales, la oferta es bestial”, “hemos hecho del amor y de la posibilidad de encontrar y ofrecer amor un capital social… un valor de cambio…”2
Sangrados a todas horas, sin aviso; sin control; mi cuerpo es una bomba que explota sin avisarme y se siente enfermo. Lloro, estoy triste y voy de un lugar a otro, las emociones también están desbordadas, como si fuera una narrativa que pasa de la acción a la depresión, qué es lo que pasa? Llevo 62 semanas con un implante hormonal, con la intención de evitar un embarazo no deseado, de tener mayor placer, sin embargo ha resultado más una cárcel que una opción...
Implante, Edith Medina 2015
La Emoción Instrumental…
Las maneras en que hoy funcionan las formas de amar, de relacionarnos y sentir nos hacen cuestionar el por qué al capitalismo, específicamente un capitalismo emocional, le interesan tanto nuestras asociaciones afectivas, nuestras emociones y sus diversas dinámicas; hoy más que nunca la búsqueda de condiciones románticas y todas sus variantes están ampliamente mediadas por aplicaciones de todo tipo, lugares de convivencia, espacios en redes, publicidad, experiencias personalizadas, e incluso webs. El sentido de instrumentalizar el espacio de las emociones nos habla tanto de la comercialización de la idea de construir afectos como del poder político que ésta confiere como herramienta de control.
La teórica israelí Eva Illouz, en su texto el Consumo de la utopía romántica, apunta muy bien el proceso de mercantilización del amor:
...para la relación entre el amor y el capitalismo tardío, lo primero que se estudia es la función de los bienes en la constitución de la experiencia romántica. A principios del siglo XX, los empresarios de la cultura y las industrias tradicionales comenzaron a impulsar ciertas definiciones del romance centradas en la noción de mercancía para promover sus propios intereses económicos. Desde entonces, se ha dado una fusión progresiva entre el consumo y las emociones románticas, de manera tal que cada uno de estos fenómenos rodea al otro de cierta aura mística. Hoy en día, los bienes se encuentran tan incorporados al vínculo romántico que actúan como una suerte de espíritu invisible cuya tarea es regir los encuentros amorosos. El capitalismo tiene como característica la producción de bienes en cantidades prodigiosas y su circulación en el mercado, procesos éstos que cumplen un papel central en la formación de la identidad sociocultural. Por lo tanto, la penetración de los bienes en el vínculo amoroso no es suficiente para dar cuenta de la forma particular que adquiere al amor romántico en el capitalismo tardío. [...] los enamorados contemporáneos presentan al mismo tiempo la personalidad de consumidores posmodernos y la de trabajadores racionales. Estos sujetos atraviesan cambios cíclicos entre el concepto del romance como rito de transgresión y el concepto del romance como trabajo.
Hay tantas formas tan instrumentalizadas que hoy en día es difícil reconocer cuando se está cayendo en ellas, no es sólo el amor romántico, la heteronormatividad del amor o el sistema monogámico, hoy incluso los sistemas que en algún momento establecieron otras formas de relacionarse como el poliamor, en el extenuante ejercicio del capital se han inscrito a formas patriarcales y nada cercanas a una estructura de resistencia del amor romántico. “Es el capitalismo salvaje de los afectos. El amor libre, que nació como resistencia a la institución del matrimonio, se ha ido despolitizando para convertirse en una siembra de cadáveres emocionales que tiene más que ver con una libertad neoliberal que con el amor. Con los amores”3
Ella iba caminando tan ciega como siempre, imaginando el preciso momento en que lo vería a los ojos, esos ojos desorbitados, dilatados por tanta droga y sobrepasados de preguntas.
Temía su expresión, pensaba que tal vez no podría esconder su sorpresa, su felicidad incierta al mirarlo, no quería parecer fuera de lugar. No paraba de escuchar de fondo los movimientos del reloj, el paso del tiempo; de pronto se vio sentada en un lugar blanco y pulcro decorado con un reloj y lo que parecían cuadros de paisajes y reconocimientos de méritos educativos. Su oído se volvió agudo escuchaba más fuerte el avance de las manecillas del reloj, también percibía el abrir y cerrar de lo que daba la impresión de un escritorio de metal de dónde percibía sacaban algo en repetidas ocasiones.
Sintió una intensa luz sobre sus ojos, que bajó a su nariz y a su boca, la miraban y no sólo eso miraban al interior de ella como si intentaran dilucidar un gran secreto. De pronto se quedó sin palabras como si de alguna forma estuviera de acuerdo con todo lo que pasaba en aquel lugar.
Sin dudarlo miro a los ojos a quien estaba frente a ella, no lo reconoció, sólo tenía esa sensación de familiaridad de saberse a salvo.
Se escuchó una voz. ¿Sabes quién es? Miró con más atención, se quedó perpleja, ahí estaban esos ojos desorbitados, dilatados; ese rostro que la emocionaba, ahí estaba frente al espejo y desconociendo quién era...4.
La pregunta más importante al respecto es cómo potencializamos en medio de todo esto a las emociones como un sentido de alerta y de capacidad crítica que no nos limite o blinde para relacionarnos.
“Pensar los amores desde lo inclusivo nos lleva a pensar el mundo desde lo inclusivo. La diferencia desde lo inclusivo. Desde la convivencia. Desde la suma y no la resta. Desde la cooperación” (Brigitte Vasallo, 2015)
Naturaleza no natural...
Para el filósofo Timothy Morton la naturaleza se circunscribe al hecho de que se determina desde una esfera antropocentrista y todo lo que no se inscriba en ella no pertenece a lo natural, por lo consiguiente se sale de la norma, se invisibiliza, “lo que llamamos naturaleza ya nunca más será natural, porque no se comporta como un decorado neutral y bonito para nuestro drama humano. Una parte del escenario se nos cae encima y duele. Se está deshilachando y detrás vemos todo de cosas que no queríamos ver.”
Si desde esa lógica pensamos nuestra realidad nos daremos cuenta que en una sociedad como en la que vivimos aquello que no está en esa acotación de “naturaleza” es una anomalía, que se traduce en el contexto sociopolítico como algo “no natural” con características cercanas a lo monstruoso o negativo desde un sentido muy binario. “El monstruo es así excepcional, precisamente por su rareza, por su carácter de curiosidad...; lo que hace que un ser humano sea un monstruo no es sólo la excepción que representan en relación a la forma de la especie, sino el problema que plantea a las regularidades jurídicas (se trate de las leyes del matrimonio, de los cánones de bautismo o de las reglas de la sucesión). El monstruo humano combina lo imposible y lo prohibido”
Todo comenzó con el moretón en mi cuello, un morado tan intenso que el maquillaje apenas lo disimulaba, recuerdo que fue hecho con fuerza al morderme y presionar con sus labios mi carne, una sensación extraña, pero placentera. El cómo la sangre deja de llegar a la zona y sentir la presión sobre la piel, no recuerdo el día en que sucedió, sólo el hecho… Al paso de los días la coloración se tornó cada vez más amoratada con tintes entre negros y grises, también había cambiado de forma, ahora parecía una mancha adherida a mi cuello en vez, de una nube asimétrica. Me dolía, podía sentir su forma y por momentos parecía que algo dentro de esa imagen informe se movía, incluso creí ver que expulsaba algo, pero no estaba segura. Cada vez más el dolor y el tamaño se incrementaban, el morado ya era negro; había bolas de distintos tamaños que rodeaban la mancha informe que ahora parecía una adherencia que salía de mi cuello, olía incluso; yo lo ocultaba con cuanta cosa podía, pero estaba en una etapa inocultable. Llegué al médico, un dermatólogo; sólo podía ver con una luz muy fuerte sobre mí, las expresiones de horror y sorpresa en su rostro. Al cabo de unos minutos sentí un piquete, algo había explotado e implotado al mismo tiempo, sólo vi fragmentos en el rostro del hombre frente a mi... Y en ese momento sólo espetó qué demonios te mordió?5
...la Naturaleza es una especie de concepto planteado desde un prisma antropocéntrico. Está diseñado para los humanos[...] De hecho, por varias razones, emplearlo puede llegar a ser desastroso. En primer lugar, porque separa el mundo humano y el no humano mediante una pantalla estética más bien arbitraria. Es un poco como si todo lo humano estuviera detrás de la pantalla de nuestro ordenador —aunque hay ciertos no humanos que decidimos incluir en nuestro espacio social, desde luego—. En el patriarcado más anticuado se les llamaba cattle («ganado»), o chattels («bienes»). También incluiríamos a las mujeres en esa categoría, claro. Y bueno, lo típico: mascotas, plantas, productos de la agricultura, etc. Todo lo demás es la Naturaleza, y se supone que está apartada, está lejos de este espacio humano que nos gusta considerar exclusivamente humano y antropocéntrico. En otras palabras: está en mi ADN, está debajo del asfalto, está por allí, a lo lejos, que diríamos. Más allá de la sierra, en algún lugar. Así que la Naturaleza tiene esa cualidad irreductible de estar en otro lugar y ser otra cosa. El concepto naturaleza también invade a los cuerpos, los cataloga, los taxonomiza y los señala, dejando espacio para su invisibilidad, marginalidad o florecimiento desde otras perspectivas, el fotógrafo David Nebreda quien documentara su delgadez, enfermedad y proceso de decadencia corporal en el encierro y en el dolor (desde la perspectiva occidental) lo apunta de esta manera “Yo soy un hecho histórico, con o sin el consentimiento de la historia. Y la vergüenza será para ella si hay que cambiar la primera frase por la última”.
Entonces qué es un cuerpo en medio de lo natural, lo biológico, lo político, lo amoroso, el cuerpo lo es todo, y no es nada, el peldaño de nuestra experiencia real con el mundo, sea mediada de manera digital o presencial, el cuerpo es el contingente del control, de ahí el interés de mejorarlo, cambiarlo, controlarlo, desaparecerlo... el cuerpo es nuestro medio de cuestionar la realidad, una realidad dada que todo el tiempo hay que cuestionar, pero si mi cuerpo, no es mi cuerpo; cómo reprogramarlo…
Me gusta pensar en la anomalía y la emancipación como características que enlazadas potencializan los cuerpos, los politizan... entendiendo a la emancipación como hacerse cargo y a la anomalía como ”Esa fuerza que se desvía de la normalidad pero que no acepta marginalizarse, sino hacer de la propia vida un desafío” (Marina Garcés, 2016).
2 Fragmento del comentario del artista Jorge de los Santos en el Debate “El mal de amor”en el programa Para todos la 2, Televisión Española, 2013. https://www.youtube.com/watch?v=gIdcWtKTNDA
3 Vasallo, Brigitte. Redes Afectivas y Revoluciones. Pensaré Cartoneras, Oaxaca/Valencia, 2015. pp. 10.
4 Cuento 2. Extracto de la compilación de Cuentos “Cuerpos en Detención. Edith Medina, abril 2014.
5 Cuento 3. Extracto de la compilación de Cuentos “Cuerpos en Detención. Edith Medina, mayo 2014


