Medición de la Vida

Medicion de la vida por Marat Ocampo

Cuando empecé a pensar escribir este texto sobre tecnologías de la vida y hablar al respecto, pensé que sería relativamente fácil. Hablar de las tecnologías de la vida sería tratar cómo todo aquello que está vivo no sólo responde a una existencia indefinida y aleatoria sino que tiene cierto tipo de prácticas y formas que están tecnificadas. Con esto me refiero a que requieren práctica y mejoría, repetición y cierto tipo de patrones. Y, que al mismo tiempo, no son repetición sin variación, un movimiento único, sino que se transforman y cambian, haciendo mutar a la vida y la técnica. Hablar de esto requiere pensar en cómo se corresponden recíprocamente técnica y tecnología con la vida.

Abordar la tecnificación de la vida produce preocupaciones sobre cómo se realiza esta tarea. Por una parte, un biólogo anónimo, se preocupó porque pensó que se trataría de una aproximación que justificaría algún tipo de diseño inteligente de la vida en que la tecnificación proviene de una producción divina. Pero, pensamos que la diferencia entre una teología diseñada a partir de una mente superior y una observación de la vida tecnificada pertenece a que no se trata de una descripción de un origen, de un tipo de teología, sino de una pregunta por la dinámica y los efectos de la vida en su relación con la tecnología. Por otra parte, hubo comentarios sobre la vida tecnológica como un tipo de decremento y exterminio de lo vivo en que los robots nos matarán a todos o un tipo de paraíso tecnológico en que dejaremos nuestra vida en pos de una mejor existencia tecnológica. Pero, este tipo de teleologías, finalidades y objetivos de la vida, no corresponden tampoco al ejercicio de la vida tecnologizada. No se trata de idealizar o condenar cómo está tecnologizada la vida, sino preguntarnos, cómo ha sido nuestra vida tecnológica y qué posibilidades hay a partir de esto. Nuestra preocupación por la vida tecnológica no es por orígenes o finalidades que definan la interrelación entre vida y tecnología, sino por su experiencia y efectos, más allá de lo esperado.

Cuando se piensa en el ejercicio tecnológico de la vida hay que evitar idealizar las prácticas y pensar que experimentos aislados corresponden a prácticas tecnológicas. Pienso que se trata de prestar atención a actividades más discretas, como gatos y niños jugando con cajas o personas apuntando su mirada a un teléfono para pensar el mundo. La tecnología parte de cierta diferenciación con la naturaleza que no responde ya a los patrones de una materialidad indeterminada que nos incluye a nosotros y hasta los agujeros negros, sino que va más allá de las palabras y las prácticas, respondiendo a configuraciones culturales y comunitarias. Y también corresponde a una pregunta por qué es lo tecnológico en la cultura. Y, una vez más tendríamos que pensar que esta configuración cultural y comunitaria no sólo pertenece a lo humano, sino que se puede incluir a los grupos de pájaros que no se toleran, a las plantas que retoman un edificio o la estructura matrilineal de las comunidades de bonobos. Se trata de un ejercicio de observación del mundo en que lo natural y tecnológico —se incluye a la naturaleza porque corresponde también a una práctica humana de separación de lo natural de lo artificial— se oponen a lo indeterminado como posibilidad de encontrar algo que pareciera corresponder a un momento de orden, estabilidad y estructura ante una materialidad que avanza sin buscar sentido.

Pero, ¿cómo hablar de lo vivo en tanto que es técnico? No se trata sólo de contigüidad material en la que están las computadoras —y cualquier otra tecnología— y la vida, disputando un reinado por lo material, sino que se trata de un ejercicio en que se mezclan y ambas inciden una en la otra. La forma en la que podemos hablar de la vida tecnológica se trata de abordar cómo la tecnología impacta en la vida, la vida en la tecnología y cómo actúan de forma simbiótica o parasítica y producen campos distinguibles de sus definiciones más estrictas que buscan distanciarlas.

Cuando hablamos de vida y tecnología parecería que siempre estamos hablando del futuro. Uno en que los aliens lograran hacer de la vida parte de una bio-interfaz en la que toda nuestra suave y carnal existencia es también una computadora. Parecería que esta lectura en que la vida es un tipo de máquina corresponde a una forma de pensar que siempre genera entusiasmo o temor. Perder la vida de la vida o potencializarla.

Pero, si pensamos que hoy en día nuestra vida ya está tecnologizada: ¿cómo la entenderíamos? Tal vez tendríamos que pensar que nuestro cuerpo ha sido parte de la noción de máquina en la cual, al contrario de pensamientos que buscan articular su origen a partir de condiciones mágicas, pensamos sobre los órganos sin buscar determinar la naturaleza humana, sino acercarnos a pensarlo mientras estamos acá. De cierta forma, extender la tecnología, sea la domesticación del fuego o el Playstation 4, como un tipo de órgano complementario que redistribuye el discurso y las prácticas de la vida.

Erkki Kurenniemi fue un matemático, físico, músico y pensador finlandés que proponía pensar al cuerpo humano como una interfaz que tendría que ser superada en un plazo visualizable, el año 2048. Su noción correspondía a una pregunta por la corporalidad, ¿cuáles son las razones que hacen del cuerpo nuestro vínculo con la vida? ¿De qué forma otras formas de conciencia y racionalidad se relacionarían con la vida? La vida va a cambiar, no existe una estabilidad que haga corresponder a la vida humana como un estado definitivo de la vida. Pero, nuestras exploraciones informáticas, biotecnológicas y nanotecnológicas exploran de qué forma la disputa con la entropía puede ser revertida. El principio de la entropía supone que el desgaste de las máquinas de calor conduce a un estado de equilibrio térmico en el que toda la materia resulta indistinguible. Pero, la pregunta por el sostenimiento de la vida, es por cómo ciertas áreas intermedias entre el orden estático y el caos generalizado pueden subsistir y continuar.

Aunque el pensamiento de Kurenniemi, no se redujo a una utopía, sino que se ha convertido en reto contemporáneo más que un futuro hiper-distante como en el ejercicio de Isaac Asimov en La última pregunta. En ese texto Asimov se cuestiona sobre la posibilidad de revertir la entropía como una pregunta imposible de ser respondida que se repite y repite hasta el fin del tiempo y el espacio para volverse una vez la posibilidad de todo. Pero, Kuriennemi opta por una estrategia más simple: se trata de un ejercicio de documentación meticulosa de todos los aspectos de su vida. Él guarda un registro en video de su vida sexual, sus trayectos de transporte y sus conversaciones. Tiene un registro fotográfico de lugares y personas, registro en audio y escrito de su pensamiento y sus pláticas. Guarda todos los recibos, papeles, notas y conserva listas de lo que come, lo que compra, lo que observa. De esta forma, lo que busca es hacer un tipo de mediatización de su corporalidad, no ya como una posibilidad relacionada exclusivamente con la vida, sino también con la tecnologización de su época. Hoy en día el registro de la vida en distintas plataformas se ha convertido en un ejercicio regular de gran parte de la comunidad. Existe una práctica que relaciona la vida con su mediación y documentación.

¿Pero qué caso tiene hacer una práctica archivística de la vida? Dice Derrida que "no hay archivo sin el espaciamiento instituido de un lugar de impresión". Se trata de producción de un espacio en el que, se recrea y se amplía un ejercicio de la corporalidad. El alcance del cuerpo se modifica. Y, aunque no hay un control sobre los límites de conciencia y alienación de estas prácticas, se hace una alteración espacial. Los conjuntos han sido determinados por el estado de sus técnicas. Nuestras metodologías de soporte de palabras, visiones, sonidos y pensamientos que disputan el lugar de achicamiento entre la producción y su recuperación. Pero, la "experiencia hipomnémica y protética" como la llama Derrida se trata de una efectualidad en que aunque se olviden las cosas y se conviertan en prótesis de nuestra existencia, permiten pensar que la vida es tecnologizada en tanto que es producida mediante aquello que está a nuestro alcance.

Para Kurenniemi entonces, la disputa es cómo hacer un tipo de tecnologización y archivo que supere la mala utilización humana y que rompa con la posibilidad de un existencia infinita pero sin acontecimiento. Me gusta pensar en la vida como la existencia con acontecimiento. Para Kurenniemi que dedicó gran parte de su mortalidad a la producción de instrumentos de música electrónica, se trata de un problema semejante, llevar la vida a partir de tecnologías digitales es tan complicado como llevar la música a lo electrónico. Existe una forma, siempre y cuando se enfaticen las formas en que la corporalidad atraviesa a las máquinas y la tecnología media la vida. Pensamos que este límite entre la vida y la tecnología no puede solo pensarse a partir de lo humano. Sino que tendríamos que aproximarnos a las plantas que cubren casas y las recuperan para vivir o los animales que ejercen tareas tecnológicas a las que su mayor forma de naturalizarlas es diciendo que no fueron producidas a partir de una racionalidad. Por ejemplo, ¿un termitero o el nido de las aves del paraíso australianas difieren de un edificio o podríamos decir que ambos son ejercicios técnicos? En estos casos lo que podemos ver es que hay una reciprocidad y un oportunismo de a la vida a partir de lo que hay disponible para mediar su existencia. Deleuze en su texto Rizoma utiliza el ejemplo de la relación de la avispa y la orquídea en que cada uno hace un tipo de atracción. La orquídea simula a la avispa para que ayude a esparcir su polen y la avispa busca formas de reconocer a las flores de las avispas. Para Deleuze esto corresponde a la relación de la heterogeneidad que permite producir algo que captura el código y produce algo completamente distinto. No se trata de una producción de descendencias inmediatas, sino de saltos que modifican términos distintos que comparten una espacialidad. A partir de esto, es que pensamos que la tecnologízación de la vida se trata de un ejercicio de transformación de ambos términos a partir de su distanciamiento heterogéneo, pero acentuando su correspondencia medial y espacial. De esta forma, lo que observamos como una correspondencia entre vida y tecnología se trata de una conformación ecosistémica. Aquello que se percibe y lo que se produce hacen un tipo de vinculación en el que no hay un simple ensamblaje mecánico estático y repetitivo, sino una efectualidad de transformación y subsistencia.

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